Mi numen
Tomo mi teléfono
para hacer una llamada rápida, los nervios me matan, espero diga que sí.
—Hola ¿cómo
estás?
—Bien ¿Y tú? —responde
algo desconcertado—¿A qué se debe esta llamada?
—Bien, gracias—respondo,
trago saliva y dejo de respirar por unos segundos—Hoy tengo el día libre talvez
podríamos vernos.
—Me parece bien—responde
con frialdad—¿A qué horas nos vemos?
—A las 3.00pm en
la panadería.
—Está bien, ahora
nos vemos, adiós
—Adiós—cuelgo
soltando una gran bocanada de aire.
Tengo dos horas
para alistarme, así que primero me cambio de ropa; estoy algo en duda no sé qué
ponerme, algo que sea cómodo pero presentable emm… ¡Ya se!, me pondré mi vestido
gris, que me gusta mucho y unos zapatos blancos, me cepillo los dientes, me
rocío algo de perfume, retoco mi cabello y por último me pongo un poco rímel,
rubor y brillo labial; y termino justo a tiempo, son las 2:10 y ya estoy lista;
adelanto un poco mi nuevo dibujo en lo que llega el momento de irme.
Ya son las 2:45
no me demoro mucho llegando al lugar así que salgo, tomo mi celular, algo de
efectivo y las llaves.
Me detengo al
enterarme que ya esta en el lugar, miro mi teléfono, pues no quería llegar
tarde, respiro tranquila al enterarme que son las 2:55.
Me tomo un
momento para apreciarlo, es realmente hermoso, su cabello castaño cayendo por
su rostro es realmente sensual y cuando intenta moverlo, le da un toque de
elegancia como la de los gatos al caminar, sus labios delgados como el papel me
seducen a escribir sobre ellos, su cuerpo, que todavía es un misterio para mí,
se ve tan suave y delicado. Es que él es… Suspiro sonrío.
—Señorita—Un
hombre me interrumpe y logra sacarme de mis pensamientos—¿Me regala la hora por
favor?
—Si claro con
mucho gusto—respondo amablemente—Son las 3:10
—Muchas gracias,
que tenga una linda tarde—Responde amablemente.
—Igualmente. Miro
nuevamente mi teléfono ¡La cita, verdad!, oh Dios mío que vergüenza me quede 15
minutos admirándolo y ahora llegare tarde. Bueno Amelia ya metiste la pata—me
digo a mí misma—corro para llegar más rápido al lugar.
—¡Hola!, ¡¡¡Estas
guapísimo!!!—le digo a miguel con tono coqueto—perdona por llegar tarde no creerás
lo que me paso.
—Hola, gracias tú
también lo estas, ¿cuéntame que ocurrió?
—Me quede
allí—señalo con mi dedo índice—mirándote durante unos 15 minutos, si no fuera
por un señor que me pidió la hora, tal vez llegue más tarde—Me rio.
—No te lo puedo
creer—se ríe junto conmigo—¿es enserio?, me halagas.
—Sí, es enserio,
ni yo lo puedo asimilar todavía—me rio—pero bueno pido disculpas por haberte
hecho esperar.
—Tranquila de
hecho no espere mucho, además es muy entretenido estar aquí.
—Ah bueno, si te
parece podemos ir comer un helado, yo invito.
—Me gusta el rol
de mantenido—lo dice entre risas— ¡vamos!
Nos levantamos
del lugar donde estamos y vamos caminado a el parque, el se levanta primero y
da unos pasos frente a mí y no puedo evitar mirar su trasero, cada paso es una
gran explosión de sensualidad, ese caminar tan acelerado como el de un animal
en peligro, huyendo de su depredador, me seduce y me obliga a ponerme en el
lugar del captor y para nada me incomoda tener que seguirle el paso durante
kilómetros para así atrapar a mi presa y tener un gran festín; su caminar
también me habla, me dice lo inquieto que es, el afán por cumplir sus metas, lo
perfeccionista que puede ser a veces y lo mucho que puede lograr estresarse o
decepcionarse de sí mismo sus objetivos no son cumplidos. No es tenga 100%
certeza de que él es de esa manera, pero de lo que si estoy segura es que me
gusta estudiar a las personas que logran despertar mucho interés en mí y él lo
logró y ahora es mi objeto de análisis preferido y no suelo fallar en mis
análisis.
—¿De qué sabor
quieres el helado?
—Brownie con
frutos rojos
—Oh wow, a mí
también me encanta el brownie, pero me encantas más tu—le digo con toda la
intensión de coquetearle y dejarle claro que me atrae.
—je je
je—responde algo tímido y con la mirada hacia abajo—me halagas.
—Me das por favor
uno de brownie con frutos rojos y otro de brownie con maracuyá, el brownie lo
pones abajo por favor—le respondo a la chica que estaba esperando, que
terminara de coquetear con miguel para atenderme.
—Claro señora, ya
la atiendo.
Solo sonrío
amablemente, está bien que aparente más años pero que me digan señora, joder me
hace sentir muy vieja, apenas tengo 23 años.
—Muchas gracias
chica—respondo amablemente a la chica que nos esta atendiendo, luego de que me
entrega los helados.
—Con gusto
señora, buen provecho.
Y otra vez vuelve
el “Señora” realmente no la juzgo ella no sabe mi edad, estoy pensando
seriamente en pegarme en la frente una nota con mi edad escrita en ella.
—De seguro la
chica habrá pensado que soy tu madre—le digo a miguel en tono burlesco.
—Nah no creo, tal
vez habrá pensado que eres mi abuela—se ríe.
Me rio por un
buen rato, la verdad aprecio mucho ese tipo de humor, directo y en ocasiones
bastante cruel, hay personas que no lo logran soportar, pero en mi caso lo
disfruto y también lo aplico en ciertos casos. Soy bien risueña y siempre busco
la ocasión para reírme no esta mal liberar un poco de endorfina de vez en
cuando.
—Estuvo muy buena
esa—lo digo entre risas.
—Qué bueno que te
haya gustado, la verdad las personas no suelen reírse muy a menudo de mis
chistes.
—Pues de seguro
tendré una cantidad muy grande de mierda en mi cabeza, por reírme de este tipo
de pendejadas.
—De seguro
si—responde entre risas.
Damos un pequeño
paseo por el parque, mientras comemos el helado y hablamos de cómo le está yendo
en la universidad, le cuento algunas anécdotas mías y nos reímos por un buen
rato, ha estado muy agradable el ambiente.
—Me tendré que ir
ya, tengo muchas ganas de ir al baño y esos baños de la calle, no suelen ser
muy limpios—digo algo desilusionada, la verdad la estaba pasando muy bien con Miguel,
además llevábamos tiempo sin vernos.
—Sabes si quieres
podemos ir a mi casa, la verdad está más cerca.
—Sí, me parece
genial.
Llegamos bastante
rápido, pues llevaba mucha urgencia de hacer pis.
Llevamos mucho
tiempo de conocernos, pero es la primera vez que entro a su casa, no me da
tiempo ni de observarla bien, pues llevo algo de afán, entro al baño rápidamente
y Miguel me mira y se ríe por mi afán de entrar al baño.
—Oye ¿Que vas a
hacer?, ¿Del uno o del dos? —me pregunta entre risas.
—Del tres—respondo
entre risas
Se ríe junto
conmigo por un rato, aprecio mucho esta confianza que hay entre él y yo.
—Pues ten cuidado
con mi baño no me lo vayas a atascar, si no tendremos serios problemas tú y yo—dice
con seriedad.
—¿Me estas
retando?, ¿Que lo tape dices? — lo digo entre risas.
—Eres muy
chistosita—dice sarcásticamente— dicen que el que ríe de último, ríe mejor, y
¿adivina quién no va poder salir de aquí a menos que quiera mojarse? —dice
entre risas.
—Tan chistosito
el niño—le respondo en tono de desaprobación—pero bueno eso no son problemas
pon una película.
Al salir del baño
entro a su habitación y noto que la tiene decorado muy a su estilo, en la
entrada tiene pegados distintos afiches de Spiderman.
—Amelia cierra la
puerta por favor está haciendo mucho frio.
Al cerrarla me
entero de que tiene en la parte trasera de la puerta, pegado un dibujo de él,
pero tipo pixel art y ahí es cuando digo dentro de mi «aww,cosita». Miguel lee
mucho, en todo el frente de la puerta tiene su computador de mesa invadido de
libros y un termo con agua, su habitación no es muy grande, al lado derecho veo
que tiene una mesita con más libros, hay uno que me llamo mucho la atención, su
nombre es “En qué momento se jodio Medellín” y no recuerdo haber visto el
nombre del autor, también tiene un recipiente de Vick Vaporub, algunas
pastillas y una media, que curioso… Al lado de la mesa esta su cama con una
linda cobija, que tiene un estampado parecido a la piel de las vacas, que
ternurita, tiene muchos afiches pegados por la gran mayoría de las paredes del
cuarto, afiches de diferentes agrupaciones musicales, le gusta mucho la música,
de hecho toca guitarra y tiene dos, las tiene ubicas junto a una mesa, llena de
más libros, cuadernos y material para la universidad, al lado de su computadora
tiene sus zapatos y luego el armario con su ropa; también tiene zapatos y ropa
ubicada en cualquier lugar, menos donde va.
—¡Eres muy
organizado! —le digo con un tono altamente sarcástico.
—Si te incomoda
mucho puedes irte y no pienso prestarte un paraguas—responde mientras señala
con su dedo índice la puerta.
—No tienes porque
enojarte, eres muy ordenado lo digo enserio—procuro mantener la seriedad, pero
se me escapa una risita y el se ríe junto conmigo.
—Aunque no creas
tengo mi propio orden por ejemplo mira—señala hacia la parte superior de su
computadora donde están los libros—allí solo ubico los libros que ya me leí.
—Son muchos, lees
bastante.
—No mucho la
verdad.
—Si tú lo dices.
Me acuesto en su
cama mientras el busca una película, cuando de repente recuerdo que cuando
estudiábamos juntos nunca me dijo el resultado de sus pruebas de estado,
siempre sacaba excusas y nunca me decía el resultado, así que aprovechare esta
ocasión para preguntarle nuevamente.
—Oye miguel—le
digo mientras me siento en la cama, con las piernas cruzadas.
—Dime—gira en la
silla del computador y pone su tierna mirada sobre mí.
—Nunca me dijiste
tu resultado de tus pruebas de estado, ya han pasado un par de años yo creo que
ya es momento que me digas—le digo dulcemente.
—Y ahí vas tú de
nuevo con lo mismo—dice con desaprobación— no te lo dire.
Lo miro fijamente
con el fin de intimidarlo y sacarle las palabras, pero es inútil.
—Puedes mirarme
cuanto quieras, no soltare ni una palabra—dice entre risas.
—Puedo torturarte
para que sueltes las palabras—musito en tono seductor, mientras hago una
pequeña sonrisa.
—Sinceramente,
Amelia, considero que no deberías prometer cosas que luego no vas a
cumplir—responde en tono burlón.
Ah, con que ¿Eso
es lo que piensas miguel?, que poco me conoces—rio maliciosamente dentro de
mi—vamos a ver a quien manda, me levanto rápidamente de la cama y me pongo de
pie enfrente de él, agarro cada extremo de la camisa que lleva puesta y lo
obligo a ponerse de pie junto a mí.
—Bueno, ya
veremos—murmuro sensualmente.
Lo tiro con
suavidad sobre la cama, manteniendo la seriedad y mirándolo fijamente a los
ojos.
—Y ¿Qué vas hacer
conmigo? Ya que me tienes aquí acostado—dice en tono burlón mientras acaricia
su cabello sensualmente.
Pobre alama
inocente, Miguel está seguro de que no hare nada, solo porque una vez cuando
estudiábamos juntos, no fui capaz de darle un beso a un chico, lo que el no
sabe es que yo cambie, ya no soy la misma y el esta a punto de comprobarlo.
—¡Eh!, deja de
estar preguntando, no te diré absolutamente nada, tu cállate y siéntate—digo
subiendo un poco la voz, mientras busco entre su ropa algunas corbatas.
—¡Si señora! —exclama
mientras se sienta rápidamente en la cama y suelta unas risitas.
—No estoy jugando
contigo miguel, después no andes llorando—musito.
Su cara se vuelve
algo mas seria, esta algo confuso.
—¿Que vas a
hacerme Amelia? —susurra algo preocupado y con la mirada hacia abajo.
—¿Dije que te
callaras verdad?, tu solo hablaras cuando yo te lo permita—musito mientras le
subo la barbilla para ver su rostro.
—Pero…
—Shhh— le digo
mientras pongo mi dedo índice en sus labios que por cierto están irresistibles,
todo de él es irresistible, podría perder el control fácilmente, pero no—¡contrólate
Amelia! —me digo a mí misma.
Le agarro un moño
en su cabello, procurando no dejar ningún mechón suelto, luego le quito los
lentes y los pongo en la mesa del computador; seguido a eso le elevo la
barbilla hacia arriba, me inclino un poco y comienzo a besarlo Mmm… sabes
verdaderamente delicioso, sabes a dulce, como a fresas—digo dentro de mí,
mientras disfruto de el y estoy segura que el también lo disfruta, un leve
gruñido sale de su garganta mientras lo beso, luego de unos minutos siento sus
lindas manos bajando por mi espalda, oh Dios mío, sus caricias, me harán caer
en la tentación y no puedo, debo mantenerme firme.
—¡Quítame las
manos de encima! —exclamo mientras le quito las manos de mi cuerpo y me pongo
de pie inmediatamente—tu solo me tocaras cuando yo te diga.
—¿Pero que estas
diciendo? —dice sorprendido.
—Lo que
escuchaste, solo cállate y haz lo que yo diga.
—¿Qué?,¿Por
qué?,¿Y si no quiero?
—¡¡Ay Dios mío!!, haz silencio por favor—exclamo
mientras tiro de su cabello hacia atrás, lo cual lo hace soltar un pequeño y
sutil gemido—si vas a abrir la boca que solo sea para eso—le susurro al oído.
—Si
señora—responde con la mirada hacia abajo.
Agarro una
corbata amarilla que saque de su guardarropa y con ella le vendo los ojos.
—Antes de empezar
te pregunto ¿Cuál es tu color favorito?
—Naranja.
—¿Y el que menos
te gusta?
—Emm…El rojo
talvez.
—Bueno ahora
escúchame, con mucha atención—asiente con la cabeza— el color naranja lo dirás cuando
estes a punto de llegar al clímax, a tu punto máximo de placer y el rojo cuando
algo te este incomodando y quieras que me detenga, nada de palabras como
“¡Detente!, ¡Para por favor!, ¡Ya no más! Etc…” Solo esos dos colores, ¿Queda
claro?
—¿Qué es esto, Fifty
Shades of Grey la secuela? —dice entre risas.
—Si, algo así—rio
suavemente—responde, ¿Quedo claro?
—Si.
—¿Si qué?
—Si señora—se ríe.
—¿Que le causa
risa señor Miguel?
—No, nada—dice
mientras baja la mirada.
—Esto no es un
jueguito Miguel, necesito que estes concentrado, no quiero que salgas
herido—digo con total seriedad—también quiero que estes dispuesto a
experimentar, no te cierres y abre tu mente, solo déjate guiar por mí.
—¡Amelia, no
hables más y hazme tuyo!, té lo suplico.
—Ten calma
miguel, hay que ir despacio—respondo mientras le acaricio el rostro.
—Yo quisiera calmarme,
Pero ¿cómo? ¡Mírame! —exclama con agobio mientras me señala su notable
erección.
—¿Estas algo
ansioso eh? —musito cerca de su oído.
—¡Joder Amelia!,
me vas a hacer correr y aun ni me has tocado.
—Shhh, haz
silencio y ven— lo ayudo a levantarse de la cama y lo guio para que se acomode
en la silla del computador.
—¿Y ahora qué?
—me pregunta ansioso de lo que pueda pasar.
—Ya te dije que
no preguntes nada—respondo seriamente.
—Pero Amelia,
quiero saber por…
—¡Que te calles!
—exclamo mientras le pego una fuerte bofeteada, y a miguel se le escapa un
fuerte gemido, de inmediato su piel blanca toma un color rosa a causa del
golpe, lo cual provoca que mi piel se erice de placer.
Sin más rodeos, le
quito su camisa lentamente y me tomo el tiempo para apreciar su cuerpo, que
bueno, es un Dios griego este hombre, hoy quiero que se pierda en mí, que se
deje llevar a mi mundo y no desee salir de allí.
—Quiero poseerte
miguel, hacerte mío, tengo ganas de saborearte, besarte, tocarte, te quiero a
ti—musito mientras le doy pequeños besos en su cuello.
—Oh, Amelia,
bésame, tócame, quiero sentir tus manos en mi cuerpo, té lo suplico—Musita
entre gemidos.
Agarro una
corbata azul que saque de su guardarropa y le doy vuelta en la silla, pongo sus
brazos hacia la parte de atrás y los ato con la corbata, lo vuelvo a poner como
estaba anteriormente en la silla, rápidamente le quito los zapatos y el
pantalón deportivo que lleva puesto, oh Dios, sus piernas y sus brazos están
llenos de vellos, es simplemente seductor, no lo puedo evitar y empiezo a pasar
mis manos por sus piernas, hasta llegar muy cerca de su miembro sin tocarlo.
—¡Oh, Amelia!
—exclama entre gemidos.
La ropa interior
que lleva puesta es de color negro y resalta mucho con su color de piel, con
osadía se la bajo rápidamente y veo su miembro en su máximo esplendor, comienzo
desde su pierna dando pequeños besos y mordisqueándolo sutilmente, subo
lentamente por su muslo hasta llegar ahí… si, justo ahí en el vértice de sus
piernas y el gime al sentir mi boca en su miembro, empiezo a pasar mis manos
por su pecho y el se retuerce de placer en la silla, no deja de moverse y me
dificulta todo.
—Tendré que
amarrar tus piernas también—musito mientras separo sus piernas y las amarro con
una cuerda a la parte trasera de la silla.
Ya que esta
totalmente listo, empiezo besando su cuello, me encanta su aroma, el ladea la
cabeza para darme más acceso a su cuello mientras gime de placer.
—Eso, piérdete en
mí, vamos déjate llevar—musito sensualmente.
—Ya no mas
tortura, ¡hazme tuyo de prisa! —exclama entre gemidos, mientras tiembla de
placer.
Sigo besándole el
cuello, primero un lado, debajo de la barbilla, luego el otro, dejando que mi
lengua lo devore, hare que pierda en control.
—¡Naranja,
Naranja!, Dios mío me voy a correr—exclama entre gemidos.
Me detengo, no
quiero que se corra tan rápido.
—¿Porque te
detienes? —jadea.
—Shh, sin
preguntas.
Él está allí
sentado, tan abierto… tan vulnerable. A mi merced.
Mi lengua vuelve
a torturarlo, pero esta vez en su vientre de un lado de su cadera a otro,
mientras paso mis manos por sus muslos, llegando muy cerca de su miembro, luego
por su pecho y cuando llego a sus pezones, tiro suavemente de ellos, cada vez está
más hundido en mí, en esta desenfrenada ola de placer.
—Oh…Por favor, te lo imploro,
¡Hazme tuyo Amelia! —jadea desesperado.
Tomo el
lubricante y dejo caer unas gotas sobre su pecho y sobre su miembro; luego
extiendo todo el lubricante por su pecho mientras dejo que mis manos se
deslicen suavemente, saboreando centímetro a centímetro su estructural cuerpo.
—Te mostrare lo
mucho que te deseo—musito en tono seductor.
Lo desato de la
silla, lo levanto y lo tumbo en la cama, le ato las manos y los pies a los
extremos de la cama para evitar que se mueva, me siento en sus piernas y con
mis manos bien lubricadas agarro su miembro y empiezo a masajearlo. Mmm… mi
mano realmente lo disfruta. Empiezo con movimientos lentos, hacia arriba y
hacia abajo lentamente… Con mi otra mano masajeo sus testículos, el empieza a
moverse debajo de mí, el placer se esta apoderando de el y se deleita con mis
caricias.
—¡Ah! —gime
fuertemente.
Deslizo mi dedo
lentamente por la punta de su miembro y la suelta un gemido, lo hago repetidas
veces mientras sigo masajeando el torso de su miembro.
—Naranja,
naranja—jadea desesperadamente.
—Esta vez si no
me detendré—musito.
Subo la velocidad
de mis movimientos, y el eleva su pelvis hacia mi mano y sigue mis movimientos,
está llegando el momento, ya esta completamente perdido en mí…Por fin será mío.
—Ah, ¡me voy a
correr! —jadea.
—¡Vamos, hazlo!,
dame todo ti, piérdete en mis caricias desenfrenadas—musito sensualmente.
Mis movimientos
acelerados lo están llevando a la cima, se retuerce de placer debajo de mí.
—Oh Amelia…
Y con mi nombre
llega a la cúspide del placer.
Eso no me
detiene, sin soltar su miembro sigo masajeándolo y comienza a jadear con
lujuria, cada vez es más fuerte, más intenso…
—La tortura
apenas comienza—musito malisiosamente.
—No, por favor,
¡Detente! —gimotea.
Deslizo mi dedo
por la punta de su miembro, varias veces sin cesar, luego agarro su miembro y
masajeo con ímpetu hasta hacerlo jadear muy fuerte.
—¡Rojo, rojo,
rojo! —suspira.
Inmediatamente me
detengo, lo desato y le destapo los ojos.
—¿No que no iba
ser capaz de torturarte? —le digo en tono burlón y mirándolo a los ojos.
—Perdón por
subestimarte—responde jadeando aún.
Me tumbo en la
cama al lado de él y de repente empiezo a escuchar un sonido familiar, ¡sí, claro!
Ya recuerdo es mi alarma sonando, me levanto inmediatamente y la apago, ¿Joder,
que hora es? Miro el reloj son las 7:01 am, no puede ser ¿todo eso fue un
sueño? ¿Pero cómo? Fue tan real todo esto, miguel y yo…
—Amelia—grita mi
madre—¿A qué horas piensas levantarte? Tienes cosas que hacer.
—Si mamá ya
voy—respondo algo dormida aún.
Y pensar que lo
sentí aquí cerca—suspiro mientras abrazo la almohada—tan…Mío.
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